En ocasiones, vemos pasar nuestra existencia como ráfagas de luz donde no se distingue nada, hasta que nos cansamos y nos dormimos, para comenzar nuevamente la jornada. Posiblemente, se vive sin saber que queremos ser, que nos gustaría vivir y cómo nos gustaría ser recordado por todos… Hoy me tome el tiempo para escribir sobre esto:
COMO MAMA: Como una gran madre, que les dijo a sus hijos cada vez que lo pensaba que los amaba con toda su alma, donde nunca escatimo en darle la mejor historia que pudiera darles, que les inculcó una educación quizás no perfecta, pero en la que ella creía.
COMO ESPOSA: Como una mujer que intento constantemente ser la mejor esposa sin renunciar a su ideología, que entendió con el tiempo, que el amor tiene sentido cuando nos convencemos que es para toda la vida. Que amaba a su esposo por lo que él era y por todo lo que le había enseñado ser. Que estaba orgullosa de todo lo que habían logrado y agradecía a Dios, por esa gran bendición.
COMO PARTE DE SU FAMILIA: Que amaba a cada miembro de su dinastía y que se sentía honrada de formar parte de ella. Que su mama, su hermano, sus abuelos y Dayana, formaban un pilar fundamental en su mundo, un amor grandioso, y que por ende, nunca los abandonaría.
COMO AMIGA: Que sus amigas serian eternas y podían confiar en su incondicionalidad, fueron el resultado de la búsqueda de oro en el rio, algo casi perfecto. Ellas simbolizaban el pasado, el presente y el futuro de momentos inolvidables.
COMO PROFESIONAL: Como alguien que se esforzó en ser mejor con los años, pretendiendo alimentar su voluntad y su espíritu, para distinguirse como una persona exitosa sin dejar a un lado la humildad.
COMO INDIVIDUO: Que ensayó vivir su vida intensamente, intentando de que no quedaran sueños y metas incumplidas, que le encantaba filosofar, pretendiendo ser vehemente, deleitar el vino en buena compañía, disfrutar los momentos de paz en su hogar. En otras palabras, quisiera ser recordada, como alguien que vivió persiguiendo un equilibrio, que nunca vacile en ser feliz para hacer feliz a los míos, manteniendo despierta la ambición implícita, de sentirme plena perpetuamente.